La frase mujeres no son hombres pequeños se ha hecho viral, y a menudo viene acompañada de reglas nuevas sobre cómo deberían entrenar y comer las mujeres, especialmente en perimenopausia y posmenopausia. Algunas ideas parten de intuiciones razonables sobre hormonas y ciclos, pero el salto a programas totalmente distintos suele exceder lo que muestran los datos en humanos. Si tu objetivo es fuerza, salud ósea y composición corporal, lo más útil es volver a principios simples y sostenibles.
Qué dice la evidencia sobre diferencias entre sexos
Existen diferencias biológicas promedio: tamaño corporal, masa muscular, distribución de grasa y niveles hormonales. Eso puede cambiar el punto de partida, pero no necesariamente cambia las reglas del juego. Cuando se comparan intervenciones equivalentes, la adaptación al entrenamiento de fuerza y al trabajo aeróbico suele ser muy similar. En otras palabras, la mayoría de recomendaciones útiles no dependen tanto de si eres hombre o mujer, sino de tu nivel de entrenamiento, tu historial de lesiones, tu objetivo y tu tiempo disponible.
Un problema frecuente es confundir mecanismos con resultados. Que algo parezca lógico en teoría no significa que mejore de forma medible la fuerza, la masa muscular o la salud. Para dar recomendaciones prácticas, lo más valioso es el resultado real en humanos: qué programa se hizo y qué cambió.
El mayor riesgo es complicarlo todo
Muchas propuestas de redes sociales se convierten en un laberinto: sincroniza tu entrenamiento con el ciclo, evita cierto tipo de cardio, usa solo rangos de repeticiones específicos a partir de cierta edad, come en una ventana exacta tras entrenar. El resultado puede ser miedo a hacerlo mal y menos constancia.
Si un plan te aleja del gimnasio o te hace dudar de cada sesión, es probable que te haga entrenar menos, no mejor. La adherencia gana. El mejor programa es el que puedes repetir semana tras semana.
Perimenopausia y posmenopausia: qué cambia y qué no
Lo que sí cambia en esta etapa es la experiencia. Algunas personas tienen alteraciones del sueño, sofocos, cambios de humor o fatiga. Eso puede afectar motivación y recuperación. Pero el entrenamiento que construye músculo y fuerza sigue siendo el mismo en esencia: estímulo suficiente, progresión y recuperación.
Una estrategia práctica es adaptar la carga, no abandonar el principio. En semanas con sueño malo o estrés alto, reduce volumen, baja intensidad o acorta la sesión. Mantén dos días de fuerza aunque sean breves. Si te sientes bien, vuelve a empujar.
Cómo entrenar fuerza de forma efectiva
La idea clave es la sobrecarga progresiva: con el tiempo, haces un poco más. Puede ser más peso, más repeticiones, más series o mejor técnica. Lo importante es que el cambio sea sostenible y se base en señales, no en impulsos.
Señales de que el estímulo es suficiente
- Las últimas repeticiones cuestan, pero con buena técnica.
- Repites sesiones y progresas en alguna variable cada dos a cuatro semanas.
- Te recuperas y vuelves a rendir. Dolor articular persistente no es un buen precio.
Un ejemplo simple de tres días
No es el único, pero sirve como plantilla. Ajusta ejercicios según equipo y molestias.
- Día A: sentadilla o variante, empuje de pecho, remo, plancha.
- Día B: bisagra de cadera, jalón o dominada asistida, press de hombro, puente de glúteos.
- Día C: zancadas, empuje inclinado, remo unilateral, trabajo de pantorrillas.
Haz dos a cuatro series por ejercicio, en un rango de seis a doce repeticiones, y deja una o dos repeticiones en reserva. Si no puedes ir al gimnasio, usa bandas, mochilas y ejercicios con tu propio peso. Lo importante es que sea desafiante para ti.
Nutrición que acompaña al entrenamiento
Para ganar fuerza y mantener músculo, necesitas dos cosas: estímulo y material.
- Proteína diaria: un objetivo práctico suele estar entre 1,2 y 1,6 gramos por kilo de peso corporal, repartida en dos a cuatro comidas.
- Carbohidratos suficientes: no son enemigos. Ayudan a entrenar con energía y a recuperarte.
- Fibra y micronutrientes: frutas, verduras y legumbres mejoran saciedad y salud metabólica.
Sobre suplementos, el más consistente para rendimiento de fuerza es la creatina monohidrato. Es barata y segura en la mayoría de personas, y puede ayudarte a ganar repeticiones con el tiempo. Una dosis típica es de tres a cinco gramos al día. Si tienes enfermedad renal o tomas medicación compleja, consulta antes.
Consejos prácticos para no perderte en el ruido
- Prioriza constancia: dos sesiones de fuerza por semana ya cambian el pronóstico.
- Mide progreso con algo concreto: repeticiones, cargas, o tiempo de caminata.
- No construyas reglas alrededor del miedo: si te gusta correr o bailar, úsalo.
- Duerme lo mejor que puedas: el sueño mejora rendimiento, apetito y ánimo.
- Simplifica: elige pocas acciones con alto impacto y repítelas.
Conclusión
Mujeres y hombres no son idénticos, pero la evidencia sugiere que los principios que construyen fuerza son compartidos. Menos reglas, más progresión, y un plan que puedas sostener. Eso es lo que, al final, produce resultados medibles.
Knowledge offered by Simon Hill
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