Por qué acostarte a la misma hora protege memoria y cerebro

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TL;DR

El sueño no se parece a ningún estado de vigilia y no puede sustituirse por ninguno. La química del cerebro cambia por completo y también cambia entre fases. En esta conversación de Huberman Lab, la neurocientífica Gina Poe describe qué hace cada tramo de la noche y por qué el momento en que duermes importa tanto como cuánto duermes.

Las cuatro fases y el ciclo de 90 minutos

El sueño tiene dos grandes estados, no REM y REM, y dentro del no REM hay tres fases. La fase uno es el adormecimiento. La fase dos incluye los husos de sueño y los complejos K. La fase tres es el sueño de ondas lentas, cuando ondas grandes y lentas recorren el cerebro. Y luego llega el REM, con los sueños más vívidos y con parálisis muscular para que no actuemos lo que soñamos. Recorremos ese ciclo cada 90 minutos y lo repetimos unas cuatro o cinco veces por noche, lo que sitúa una noche completa en torno a siete horas y media u ocho.

Por qué el primer ciclo no se negocia

La hormona del crecimiento se libera a lo largo de todo el día, pero el primer tramo de sueño de ondas lentas trae un gran pulso, igual en hombres y mujeres. En ese primer ciclo también se dispara la síntesis de proteínas que construye los recuerdos. Aquí está la parte clave: si sueles acostarte a las diez y te acuestas a la una o a las dos, no retrasas ese primer tramo, lo pierdes. Cada célula del cuerpo tiene un reloj y todos esos relojes están sincronizados para responder a la hormona a una hora concreta, en relación con la melatonina. Si llegas tarde, el reloj ya ha pasado a la siguiente fase. Por eso conviene tener una hora de acostarse tan constante como la de levantarse. De hecho, uno de los mejores marcadores de buena salud neurológica al envejecer es acostarse siempre a la misma hora. Quien se acuesta a la una y se levanta a las diez de forma estable probablemente esté bien, porque todo su ritmo se ha desplazado en bloque.

Fase dos, los husos de sueño y el disco duro

Los husos de sueño son ráfagas de 10 a 15 hercios, una conversación entre el tálamo y la corteza. Es el momento único en que el hipocampo, algo así como la memoria RAM del cerebro, escribe en la corteza, el disco duro. La densidad de husos que produces por minuto se correlaciona con la inteligencia, pero lo más útil es esto: si aprendes algo nuevo y esa noche aumentan tus husos, la consolidación es casi perfecta. Si no aumentan, el aprendizaje no se integra bien aunque tu densidad de base sea alta. El alcohol antes de dormir suprime el REM y parte de esa transición de la fase dos, así que sabotea la consolidación hasta que el cuerpo lo metaboliza.

El lavado del cerebro

Estar despierto y aprender consume mucho ATP y deja proteínas mal plegadas. En los primeros minutos de sueño el cerebro reconstruye ese combustible, y por eso las siestas cortas recargan de verdad. Durante las ondas lentas, muchas neuronas se activan y se silencian a la vez, se expanden y se contraen juntas como una bomba de achique que empuja el líquido y arrastra los residuos, con la ayuda de la glía. Poe lo compara con recoger después de una fiesta: si no limpias y montas otra al día siguiente, todo se atasca y moverse, es decir, pensar, cuesta más. Ese lavado ocurre sobre todo en el primer tercio de la noche y, como el pulso de hormona del crecimiento, si te acuestas a la una o a las dos lo pierdes, porque esas horas las domina la fase dos y el REM, no las ondas lentas.

El REM, el locus coeruleus y la memoria emocional

El locus coeruleus está lleno de neuronas de noradrenalina y es la única estructura que se apaga por completo durante el REM. Ese silencio permite borrar y desmontar las sinapsis que ya no sirven y refrescar la vía que codifica la novedad, para poder seguir aprendiendo toda la vida. Si nunca puedes rebajar esa vía, un recuerdo traumático se queda fresco y se vuelve maladaptativo. En el REM el sistema emocional está muy activo, pero sin noradrenalina puedes separar la emoción intensa de la parte cognitiva del recuerdo. Por eso años después recuerdas que lloraste y que el corazón se te aceleró sin revivir la taquicardia y el sudor. En quien tiene estrés postraumático esa separación no ocurre y cada noche el REM vuelve a coser la emocionalidad al recuerdo.

Aplicaciones prácticas

Entra en el sueño lo más en calma posible. Evita videojuegos estresantes y novedad intensa en la última hora, y prueba respiración lenta, meditación, un baño caliente o un libro tranquilo, nada demasiado emocionante ni demasiado aburrido. Despertarte a mitad de un ciclo produce inercia del sueño, esa niebla al levantarte, así que ajusta la alarma a múltiplos de unos 90 minutos. Despertar desde REM casi nunca da problemas. Levantarse una vez para ir al baño es normal, no te preocupes por ello. Los rastreadores de sueño aciertan la fase alrededor de un 70 por ciento de las veces, útiles con reservas.

Conclusión

El total de horas importa, pero el momento importa igual. Acuéstate a una hora constante para no perder el gran pulso de hormona del crecimiento y el lavado cerebral del primer ciclo, protege el REM tardío llegando a la cama en calma y sin alcohol, y deja que los husos y el REM hagan su trabajo con la memoria.

Conocimiento ofrecido por Andrew Huberman, Ph.D

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