La ciencia de la alegría: cómo sentirte tú mismo otra vez

Video original 72 minAquí 5 min de lectura
TL;DR

Sentirte apagado, esperar que pase algo malo o estar cansado de sentirte agotado todo el tiempo no significa que la alegría se haya ido para siempre. Una psicóloga de la salud de Stanford que estudia el estrés, la resiliencia y la alegría sostiene que la capacidad de sentir alegría no es algo que haya que construir desde cero. Ya está integrada en el cuerpo y el cerebro como siete recursos gratuitos, listos para usarse incluso cuando la vida se siente muy pesada.

Qué es realmente la alegría

La alegría es lo opuesto a esa sensación de golpe en el estómago cuando llega una mala noticia: el corazón se hunde, el cuerpo se siente más pesado, la mirada se vuelve pesimista. La alegría es el impulso en la dirección contraria, cuando algo sale bien, el corazón se siente más liviano y el momento importa. En investigaciones recogidas con personas de todo el mundo, la alegría aparece de forma constante en cuatro categorías: sentirse cerca o conectado con alguien, hacer algo alineado con tus valores o avanzar en una meta, notar algo hermoso en el mundo, y disfrutar una actividad solo por disfrutarla. El tamaño del momento no importa. Una ducha después de once días en cama durante una depresión posparto, o una risa compartida en un refugio antibombas, cuentan igual como alegría real.

Por qué la alegría es un instinto de supervivencia, no un lujo

La alegría no existiría si la vida no fuera difícil. Su función principal es hacerte querer seguir vivo, seguir adelante, evolucionar y crecer. Te saca de un momento de estancamiento o desesperanza de la misma forma en que el dolor atrae la atención hacia una lesión. Eso convierte a la alegría de algo frívolo en un recurso que el cuerpo y el cerebro se esfuerzan activamente por darte.

Recurso uno: el cuerpo

Durante mucho tiempo se pensó que los músculos solo servían para mover el esqueleto, pero también funcionan como una farmacia, liberando en el torrente sanguíneo sustancias que combaten células cancerosas, apoyan el sistema inmune y regulan el azúcar en sangre. Algunas de estas sustancias, a veces llamadas moléculas de esperanza, viajan al cerebro y actúan como antidepresivos naturales, impulsando la resiliencia y la motivación. Se liberan con la contracción muscular, lo que significa que cualquier movimiento cuenta, no solo el ejercicio intenso. Pasar de no hacer nada a hacer algo, una caminata corta, unos pasos de baile, es el paso más grande, y los estudios más pequeños que mostraron un beneficio en el estado de ánimo usaron dosis de apenas dos o tres minutos.

Recurso dos: el cerebro

El cerebro monitorea constantemente preguntas existenciales de fondo: ¿le importo a alguien?, ¿lo que hago importa?, ¿hay una razón para sonreír? En una crisis, esas preguntas se inundan de señales negativas, que es justo cuando los pequeños impulsos importan más, ya que el tamaño del recurso de afrontamiento no necesita igualar el tamaño del sufrimiento. El cerebro también es excelente para hacer interpretaciones generosas: recordar un momento que te hizo sentir bien, o bien contigo mismo, produce un aumento instantáneo de esperanza, sobre todo si te preguntas qué sentimiento importante te da ese recuerdo.

Recurso tres: la atención

El cerebro descarta muchísima más información de la que procesa, y un sesgo de atención negativo, mantenerse alerta a lo que puede salir mal, es común y útil ante un peligro real. Redirigir la atención deliberadamente hacia evidencia de cosas buenas, algo a la vista que amas, algo que alguien hizo para ayudarte, funciona igual que cuando los ojos de alguien en el supermercado captan la caja de cereal familiar en cuanto empieza a buscarla. En una crisis sostenida, este sesgo negativo se intensifica, así que rescatar un momento destacado del día se vuelve un contrapeso deliberado en lugar de algo que ocurre solo.

Recurso cuatro: los instintos

Más allá de los instintos de valentía o de ayudar a otros, hay uno subestimado: amar algo más allá de toda razón, ya sea un hobby, un género o una mascota. Las personas describen actividades como los juegos de mesa o tejer con los mismos términos que usarían para el amor, porque estos instintos cubren necesidades humanas centrales sin necesitar justificación. Interactuar con un animal es una de las formas más confiables de acceder a la sonrisa, la risa, el juego y el contacto afectuoso, por lo que en hospitales y centros de cuidados paliativos se llevan animales específicamente para volver a sacar esas respuestas de las personas.

Recurso cinco: las emociones

Apagarse emocionalmente no es un fracaso; es el cuerpo y el cerebro decidiendo, a menudo como un acto de autoprotección, que una situación se siente insegura o incontrolable. La desesperanza funciona como una señal de que un enfoque específico no está funcionando, no de que haya que abandonar la meta de fondo. Lo útil es cambiar el enfoque mientras se conserva la meta, y entrenar para los momentos difíciles con anticipación, de la misma forma en que practicar la incomodidad en un contexto de bajo riesgo construye la tolerancia necesaria para uno más difícil después.

Recurso seis: las decisiones

Los actos de alegría no requieren sentir alegría primero. Enviar una nota de aliento, crear algo hermoso, o simplemente elegir hacer una de estas cosas, te recuerda que tienes agencia, y la decisión suele producir el beneficio emocional que buscaba generar como efecto secundario, ya que la reacción de la otra persona se refleja de vuelta.

Recurso siete: las relaciones

Dejar que las personas te ayuden es tanto un regalo para ellas como para ti, ya que cuidar a alguien en un momento difícil también le da sentido a su vida. La misma lógica funciona al revés con las buenas noticias: las personas no quieren estar solas con su felicidad, así que recibir la alegría de otra persona con la propia alegría, en lugar de filtrarla con comparación o envidia, fortalece la relación y muchas veces vuelve como fuente de conexión justo cuando más se necesita.

En resumen

Ninguno de estos siete recursos, cuerpo, cerebro, atención, instintos, emociones, decisiones y relaciones, requiere que las circunstancias externas mejoren primero. Se pueden usar en medio del tramo más difícil de la vida de una persona, que es justamente cuando la investigación sugiere que más importan. Vista así, la alegría funciona menos como un estado de ánimo y más como una herramienta para seguir comprometido con una vida que a menudo es genuinamente difícil.

Conocimiento ofrecido por Mel Robbins

Video thumbnail for La ciencia de la alegría: cómo sentirte tú mismo otra vez

Productos mencionados

Libros

Joy Is a Risk Worth Taking

Marca: Kelly McGonigal

Un libro de la psicóloga de la salud Kelly McGonigal sobre la ciencia de la alegría, la resiliencia y cómo acceder a ella incluso en momentos genuinamente difíciles.