¿Se heredan los rasgos adquiridos? Lo que revela el ARN

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TL;DR

Dos padres de ojos azules tienen más probabilidad de tener un hijo de ojos azules, pero un padre que pasa toda su vida estudiando arquitectura no le transmite esa habilidad a sus hijos a través del ADN. Ese contraste está en el centro de uno de los debates más antiguos de la biología: ¿puede algo que un organismo aprende o vive durante su vida transmitirse a la siguiente generación? Un genetista que estudia esta pregunta en un gusano diminuto encontró una respuesta clara, y tiene que ver con una molécula que recibe mucha menos atención que el ADN.

ADN, ARN y el catálogo de IKEA

Cada célula del cuerpo lleva el mismo genoma, el conjunto completo de instrucciones genéticas, de la misma forma en que cada habitación de una casa podría, en teoría, construirse a partir del mismo catálogo de muebles. Una célula dada solo saca las instrucciones que necesita, como usar la página de la silla para el living y la página del inodoro para el baño. Ese proceso selectivo es justamente lo que hace el ARN: copia una instrucción particular del genoma completo para que la célula pueda construir una proteína concreta. Menos del 2% del genoma codifica este tipo de ARN mensajero, y aun así una gran parte del genoma se transcribe en otros tipos de ARN cuyas funciones todavía se entienden solo en parte.

Por qué el soma no puede reescribir la línea germinal

Aprender arquitectura o desarrollar músculo en el gimnasio queda contenido en las células donde ocurre, las llamadas células somáticas, porque existe una barrera dura entre el soma y la línea germinal, descrita por primera vez por August Weismann en el siglo XIX y que hoy se sigue llamando la barrera de Weismann. Solo el espermatozoide y el óvulo, las células germinales, contribuyen a la siguiente generación, y la información almacenada en las conexiones sinápticas entre neuronas no tiene una ruta directa hacia ellas. Una segunda barrera refuerza esto: la reprogramación epigenética borra alrededor del 90% de las modificaciones químicas del ADN durante el paso por la línea germinal y el embrión temprano, lo que en la práctica resetea el libro de instrucciones a su estado original y sin marcas para cada nueva generación.

Lamarck, Darwin y el cuello de la jirafa

El ejemplo clásico de este debate es el cuello de la jirafa. Lamarck propuso que las jirafas estiraban el cuello para alcanzar las hojas altas y transmitían ese cuello estirado a sus crías. La explicación de Darwin, la selección natural, sostiene en cambio que las jirafas que nacían con cuellos más largos simplemente sobrevivían y se reproducían con más éxito, así que el rasgo heredable se extendió en la población a lo largo de generaciones sin importar el esfuerzo de cada individuo. La herencia de rasgos adquiridos, la idea lamarckiana, se ha considerado insostenible durante la mayor parte de la historia de la biología moderna, en parte por las dos barreras mencionadas.

Por qué C. elegans cambió el panorama

Un gusano de un milímetro llamado C. elegans se convirtió en el organismo modelo que reabrió esta pregunta. Cada gusano tiene exactamente 959 células, 302 de ellas neuronas, todas mapeadas y numeradas individualmente desde los años 80, y su genoma se secuenció antes que el genoma humano. Cada gusano produce alrededor de 250 crías casi idénticas cada tres días, criadas en un ambiente totalmente controlado, lo que permite separar los efectos genéticos de los ambientales con una precisión inusual y correr experimentos grandes y estadísticamente sólidos en poco tiempo.

El experimento con virus que lo demostró

Los gusanos se defienden de los virus usando moléculas de ARN pequeño en lugar de las células inmunes que tienen los mamíferos, un mecanismo llamado interferencia de ARN, descubierto por Andrew Fire y Craig Mello y premiado con el Nobel en 2006 por un trabajo publicado en 1998. Los investigadores infectaron gusanos con un virus fluorescente: los gusanos infectados se ponen verdes, mientras que los que logran silenciar el virus se mantienen oscuros. Cuando se criaron descendientes sin la maquinaria genética necesaria para producir su propio ARN pequeño, igual se mantuvieron oscuros y resistieron el virus, y esa protección persistió por generaciones adicionales, porque habían heredado directamente de sus padres moléculas de ARN pequeño que coincidían con la secuencia viral. La secuenciación confirmó que esos ARN heredados coincidían exactamente con el virus.

Del soma a la línea germinal, sin volver atrás

Un estudio de 2019 publicado en Cell fue más allá y mostró que cambiar la producción de ARN pequeño natural específicamente en el cerebro de un gusano alteraba la capacidad de sus descendientes para encontrar comida, un efecto que persistió durante tres generaciones. El mecanismo va en una sola dirección: la información viaja del cerebro a un gen llamado sage-2 en las células germinales, y funciona sin necesidad de volver nunca de la línea germinal al cerebro. Quitar la proteína que transporta físicamente el ARN entre generaciones anula el efecto por completo, que es como los investigadores confirmaron que es el propio ARN, y no alguna otra señal, el que lleva la información hacia adelante.

Qué podría significar esto más allá de los gusanos

Los mamíferos carecen del sistema de amplificación de ARN que evita que este efecto se diluya en los gusanos, así que cualquier proceso paralelo en humanos probablemente funcione distinto, quizás alterando el desarrollo en una etapa muy temprana, en línea con ideas cercanas al origen del desarrollo de la salud y la enfermedad. Estudios en roedores ya muestran que el ejercicio de los padres puede corregir algunos efectos de la sobrealimentación parental en las crías. La posibilidad más provocadora, y todavía especulativa, es que la fecundación in vitro y los diagnósticos preconcepción algún día puedan mirar más allá del ADN hacia perfiles de ARN que se correlacionen con mejores resultados, aunque esto todavía está lejos de comprobarse en humanos.

En resumen

Esta ciencia no resucita la idea original de Lamarck, pero sí muestra que existe una forma de información heredable más allá de la secuencia del ADN, y que funciona con precisión real, al menos en un gusano muy estudiado. El ARN pequeño puede llevar una memoria específica y rastreable de una experiencia, como una infección viral, a través de generaciones sin alterar un solo gen. Si un mecanismo equivalente opera en humanos sigue siendo una pregunta abierta, pero es exactamente el tipo de pregunta que organismos modelo como C. elegans siguen permitiendo formular con rigor.

Conocimiento ofrecido por Andrew Huberman, Ph.D

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