Dieta cetogénica y salud mental: el papel mitocondrial
Cuando Andrew Huberman se sentó a hablar con el Dr. Chris Palmer, psiquiatra de Harvard, la conversación empezó por el propio cuerpo de Palmer. Con poco más de 20 años, durante su formación, le diagnosticaron síndrome metabólico, con presión alta, lípidos malos y prediabetes, pese a seguir una dieta baja en grasa y hacer ejercicio. Año tras año empeoraba, hasta que su médico le dijo que se preparara para tomar tres medicamentos de por vida. Como último intento antes de las pastillas, probó la dieta Atkins. En tres meses el síndrome metabólico había desaparecido. La sorpresa no fueron las analíticas. Fue que su ánimo, su energía, su concentración y su sueño mejoraron tanto que por primera vez en su vida se despertaba descansado antes de que sonara el despertador.
De un arreglo personal a una herramienta psiquiátrica
Palmer llevaba una consulta de tercer nivel llena de pacientes resistentes al tratamiento, personas que habían pasado por seis o más psiquiatras, probado decenas de fármacos y estado décadas en terapia. Empezó a ofrecer dietas bajas en carbohidratos y cetogénicas. Algunos tuvieron una respuesta antidepresiva potente. Una mujer, con depresión crónica y pensamientos suicidas durante más de cinco años, se volvió hipomaníaca en un mes.
El caso que le cambió la cabeza llegó en 2016. Un hombre de 33 años con trastorno esquizoafectivo llevaba ocho años siendo su paciente, con alucinaciones auditivas diarias, delirios paranoides, un peso de 154 kilos y 17 fármacos fallidos. Empezó la dieta cetogénica para perder peso por motivos personales. En dos semanas Palmer vio un efecto antidepresivo. A las seis u ocho semanas el hombre contó que las voces se apagaban y que sus delirios de toda la vida ya no le parecían ciertos. Con el tiempo perdió unos 68 kilos, actuó en un espectáculo de improvisación ante público y se mudó para vivir de forma independiente. Palmer es tajante en que reducir la medicación psiquiátrica es difícil y peligroso y tiene que hacerse con supervisión.
La cetosis parece ser el interruptor
Palmer notó que los pacientes que probaban la dieta pero nunca llegaban a la cetosis casi nunca obtenían beneficio clínico. Tampoco cree que todo el mundo necesite cetosis plena. A algunos les basta con eliminar el azúcar y la comida basura para mover un trastorno del ánimo. Los peores alimentos son los ultraprocesados que son altos en azúcar y grasa a la vez. Para la depresión apunta a cetonas en sangre por encima de unos 0,8 mmol/l. Para los trastornos psicóticos y el trastorno bipolar quiere niveles por encima de 1,5.
Un tratamiento para la epilepsia de hace 100 años
La dieta cetogénica la creó en 1921 el Dr. Russell Wilder en la Clínica Mayo con un único fin, imitar el ayuno y frenar las crisis a largo plazo. Se sabía desde tiempos de Hipócrates que el ayuno detiene las convulsiones, pero nadie puede ayunar de forma indefinida. Los primeros resultados con la dieta fueron llamativos: cerca de la mitad de los pacientes quedaba libre de crisis y otro 35 por ciento tenía una reducción del 50 por ciento o más, alrededor del 85 por ciento de eficacia. Los anticonvulsivos llegaron en los años 50 y ayudaron a mucha gente, pero cerca del 30 por ciento de la epilepsia sigue siendo resistente a fármacos. Johns Hopkins recuperó la dieta en los años 70 para esos casos, y alrededor de un tercio queda libre de crisis, un tercio mejora mucho y un tercio no responde. Esa larga historia dio a los investigadores décadas de neurociencia sobre lo que hace la dieta: modifica el glutamato, el GABA y la adenosina, cambia la regulación de los canales de calcio y la expresión génica, baja la inflamación cerebral, altera la microbiota intestinal y mejora la señalización de la insulina.
El mecanismo de las mitocondrias
El marco de Palmer gira en torno a las mitocondrias. No son solo el cable de alimentación de la célula, se parecen más a la placa base, que reparte recursos y dirige las operaciones. Aportan piezas y energía para neurotransmisores clave como la serotonina, la dopamina, el glutamato y la acetilcolina, y se desplazan físicamente hasta la sinapsis para ayudar a liberar las vesículas de neurotransmisores. Inundar una sinapsis con ATP tras quitarle las mitocondrias no restablece la liberación. Las mitocondrias también llevan la enzima para fabricar hormonas esteroides como el cortisol, el estrógeno, la testosterona y la progesterona, ayudan a encender y apagar la inflamación y señalan las fases de la cicatrización en las células inmunitarias.
La dieta cetogénica estimula dos procesos: la mitofagia, que retira las mitocondrias viejas y defectuosas, y la biogénesis mitocondrial, que fabrica nuevas. Tras meses o años con la dieta, muchas células acaban con más mitocondrias y que funcionan mejor. Palmer cree que por eso la misma dieta ayuda tanto en la epilepsia como en la enfermedad mental crónica. Hay grandes ensayos aleatorizados en marcha, pero aún no publicados.
Y para el resto de la gente
Para el agotamiento cotidiano, la depresión subclínica y los días malos sin explicación, Palmer suele sugerir probar la restricción de carbohidratos durante un tiempo. Describe a un lector con ansiedad crónica que estaba a punto de empezar medicación, redujo los carbohidratos sin llegar a la cetosis plena y se sintió mucho mejor en tres semanas. Las personas con trastornos graves, depresión crónica, muchas medicaciones, síntomas incapacitantes, trastorno bipolar o esquizofrenia, deberían hacerlo con un profesional, porque puede haber que ajustar los fármacos y la dieta merece un intento serio y no una improvisación.
Conclusión
La nutrición pertenece al grupo de herramientas principales para la salud mental, no como una idea marginal ni como excusa para dejar la medicación de golpe. El siglo de la dieta en la epilepsia aporta el mecanismo: renovar las mitocondrias, y los sistemas que gobiernan el ánimo, el pensamiento y la respuesta al estrés tienen la oportunidad de funcionar bien.
Conocimiento ofrecido por Andrew Huberman, Ph.D
Productos mencionados
Libro del psiquiatra de Harvard Christopher Palmer que sostiene que los trastornos mentales son trastornos metabólicos del cerebro, impulsados por la disfunción mitocondrial, y que la dieta y los tratamientos metabólicos pueden ayudar.