¿Cuándo importan los líderes? Lecciones de Jared Diamond
¿Los líderes moldean la historia o los hechos habrían sido los mismos sin ellos? El biólogo y autor Jared Diamond aborda esa pregunta en su libro sobre liderazgo, un estudio de líderes políticos, empresariales, deportivos y religiosos. En una conversación en el pódcast Huberman Lab explica por qué la respuesta casi siempre es "depende", y por qué la creencia común de que los grandes líderes deben ser carismáticos es, en sus palabras, una tontería.
No existe una personalidad única del líder
La gente busca constantemente generalizaciones de personalidad sobre los líderes. La más común es que un líder tiene que ser carismático. Algunos lo son, pero Stalin y Augusto Pinochet no lo eran. Diamond cuenta unas 37 maneras de ser un líder eficaz, y el carisma es solo una. Hay generalizaciones sobre los líderes, pero no son generalizaciones de personalidad.
Hitler y el problema de la prueba
Diamond creció a la sombra de la Segunda Guerra Mundial, y parte de su familia desapareció en el Holocausto. Empieza con dos momentos en que Hitler casi muere. En 1930 un camión estuvo a punto de aplastar el coche de Hitler. En 1944 una bomba bajo la mesa de conferencias mató a cuatro personas pero dejó vivo a Hitler, porque se inclinó hacia delante en el último segundo. ¿Habrían ocurrido la guerra y el Holocausto sin él?
Los historiadores discrepan incluso con los mismos hechos. La mayoría concluye que Hitler marcó la diferencia: el orador más carismático del siglo, un antisemita que fue el único en pensar en matar a escala industrial y un engañador brillante de políticos, generales y empresarios. Pero el historiador A. J. P. Taylor usó los mismos hechos para describirlo como un político alemán normal. Esa debilidad del método biográfico es la razón por la que Diamond usa experimentos naturales.
Los líderes más improbables
Harry Truman era un senador mediocre elegido vicepresidente por razones triviales, a quien Roosevelt nunca informó y que desconocía la bomba atómica. Después tomó decisiones valientes e impopulares: el puente aéreo de Berlín, la bomba de hidrógeno, la guerra de Corea y el despido del general MacArthur. Dejó el cargo con mucha antipatía, y la historia ha sido más amable.
Por qué los líderes rara vez se retiran
Diamond comparó a 22 líderes políticos destacados desde la Segunda Guerra Mundial. Solo dos renunciaron voluntariamente: Nelson Mandela y Lee Kuan Yew. El resto fue asesinado, se quitó la vida, perdió las elecciones o fue derrocado por golpes. Cuando alguien llega a ser un líder poderoso y cree en su propia eficacia, rara vez se va.
Religión: fundador, organizador y general
Estudia a Joseph Smith, Ann Lee y Jim Jones, y luego a Jesús. Jesús fue uno de los siete mesías que cita el Nuevo Testamento, pero el mensaje adecuado, universal, sumado al lugar adecuado, el Imperio romano de Occidente, y al organizador adecuado, san Pablo, convirtió un movimiento en una religión mundial. Diamond ve un patrón: un fundador carismático, un organizador y, cuando hay ataques, un general. Joseph Smith tuvo a Brigham Young. Mahoma y el Mahdi de Sudán reunieron los tres papeles.
Los seguidores también importan. Jim Jones no habría podido liderar sin personas dispuestas a seguirlo, a menudo pobres, mayores y con menos estudios, aunque también impulsó la desegregación en Indianápolis. Ni siquiera Hitler ganó nunca la mayoría en una elección libre.
Deporte, empresa y el papel del azar
Los investigadores de las escuelas de negocios estudian el deporte porque los resultados son públicos y frecuentes. El análisis de la varianza muestra que entre el 15 y el 30 por ciento del éxito deportivo se debe al entrenador, cerca del 30 por ciento a los jugadores y cerca del 30 por ciento a la institución. En las empresas, el director ejecutivo también explica cerca del 30 por ciento, mientras que la compañía y su sector explican gran parte del resto.
Eso explica por qué despedir a un entrenador o a un director tras un mal año suele funcionar: cerca del 70 por ciento de la varianza es azar. Lanzas un dado, sale un uno, despides a quien lo lanzó y es probable que el siguiente lo haga mejor. UCLA tiene hoy una gran deuda por pagar contratos de entrenadores despedidos tras John Wooden.
Wooden sigue siendo la excepción. Dominaba el detalle, hasta los calcetines de sus jugadores, y entrenaba en grupos de siete. Sobre todo trataba el baloncesto como una filosofía de vida, y eso no se puede fingir. Diamond admira al fundador de Patagonia por la misma razón, y atribuye a Steve Jobs haber reducido Apple de 100 productos a cuatro.
El poder también cuenta. Los primeros ministros marcan más diferencia que los gobernadores, y los gobernadores más que los alcaldes. Los dictadores influyen más que los líderes democráticos, y los líderes democráticos influyen más en tiempos de guerra.
Lecciones de la propia vida de Diamond
Diamond agradece a un jefe de fisiología que perdonó un laboratorio inundado y a un decano que financió su investigación de aves. Mantiene listas, habla 13 idiomas y, a los 89 años, planifica cómo usar el tiempo que le queda. Su consejo: haz lo que disfrutas, en lo que eres bueno y lo que es bueno para el mundo, e ignora a quien te diga que planches tus camisas.
Conclusión
Los líderes importan más cuando coinciden las circunstancias, el poder y la persona adecuada. Mira más allá del carisma y pregunta por los seguidores, los organizadores, las instituciones y la suerte.
Conocimiento ofrecido por Andrew Huberman, Ph.D
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