TOC y compulsiones: cómo la cirugía cerebral puede ayudar

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TL;DR

El trastorno obsesivo-compulsivo, la adicción y los trastornos de la conducta alimentaria comparten un denominador común: el impulso de actuar a pesar del riesgo. El Dr. Casey Halpern, neurocirujano de la Universidad de Pensilvania especializado en estimulación cerebral profunda, dedica su investigación a entender y modular esos circuitos desde dentro del cerebro.

Qué es la estimulación cerebral profunda y cómo funciona

La estimulación cerebral profunda (DBS, por sus siglas en inglés) consiste en implantar un electrodo muy fino en una región concreta del cerebro y administrar estimulación eléctrica continua a través de él. Aunque se usa desde hace décadas para tratar el temblor en la enfermedad de Parkinson, las mismas técnicas se están adaptando para tratar el TOC, los trastornos de la conducta alimentaria y la adicción.

El núcleo accumbens y los circuitos de recompensa

El núcleo accumbens forma parte de los circuitos de recompensa del cerebro. Cuando se perturba, regula el comportamiento compulsivo: la persona busca recompensas a pesar del riesgo o el daño, como ocurre en la adicción a las drogas, el TOC o los atracones. Modular quirúrgicamente esta área es uno de los objetivos centrales del equipo del Dr. Halpern.

Opciones de tratamiento para el TOC grave

El TOC se trata primero con ISRS y antidepresivos tricíclicos. La terapia cognitivo-conductual con técnicas de exposición y prevención de respuesta es probablemente la intervención más efectiva en los pacientes que responden a ella. Sin embargo, alrededor del treinta por ciento de los pacientes no responde a ninguno de estos tratamientos y sigue sufriendo TOC severo.

Cuándo entra en juego el DBS

Para esos pacientes refractarios, el DBS puede ofrecer alivio cuando todo lo demás ha fallado. El Dr. Halpern señala una tasa de respuesta de aproximadamente el cincuenta por ciento, aunque incluso los respondedores suelen mantener síntomas. La intervención no es curativa, pero puede reducir significativamente la carga de la enfermedad.

También existe la capsulotomía, una ablación que destruye una pequeña zona del tejido cerebral implicada en el TOC. El ultrasonido enfocado guiado por resonancia magnética permite realizar esa ablación sin abrir el cráneo, aunque el objetivo óptimo aún está en investigación.

Identificar señales cerebrales específicas de los síntomas

Uno de los avances más importantes en este campo es la capacidad de identificar células cuya actividad eléctrica se correlaciona con los síntomas. En el caso del temblor parkinsoniano, los cirujanos escuchan en tiempo real la señal de las células temblorosas y confirman el posicionamiento del electrodo. El Dr. Halpern busca hacer algo equivalente para las obsesiones y los impulsos de atracón.

El experimento con trastorno de conducta alimentaria

En pacientes hospitalizados con dispositivos implantados, el equipo provoca el estado emocional previo al atracón y registra simultáneamente la señal cerebral del electrodo, el vídeo del paciente y el seguimiento ocular. El objetivo es detectar una señal electrográfica de craving que el dispositivo identifique de forma autónoma y a la que responda con estimulación antes de que el paciente actúe.

Técnicas no invasivas: TMS y ultrasonido

La estimulación magnética transcraneal (TMS) está aprobada por la FDA para la depresión, el TOC y la adicción a la nicotina. Su limitación es la precisión espacial y la duración del efecto. El Dr. Halpern la considera una herramienta de selección: si un paciente responde temporalmente a la TMS, es candidato apropiado para un estudio de DBS.

El ultrasonido enfocado guiado por resonancia magnética ya está aprobado para el temblor y puede realizar ablaciones cerebrales no invasivas. La investigación está explorando su uso modulatorio y la posibilidad de abrir la barrera hematoencefálica para dirigir fármacos a zonas específicas del cerebro.

Inteligencia artificial y detección temprana

El Dr. Halpern es optimista sobre el papel del aprendizaje automático para anticipar episodios compulsivos antes de que el paciente sea consciente de ellos. Dispositivos que integran patrones de voz, respiración y sueño pueden detectar el estado previo a un episodio depresivo o impulsivo y alertar al paciente con antelación. La impulsividad extrema, en su forma más peligrosa como la ideación suicida, también es un foco central del laboratorio.

Conclusión

El DBS no es la primera línea para tratar el TOC ni los trastornos alimentarios, pero representa una esperanza real para los pacientes que han agotado las opciones convencionales. La investigación del Dr. Halpern sobre los circuitos del craving y la compulsión está abriendo camino hacia tratamientos más precisos, tanto invasivos como no invasivos, para algunas de las condiciones más prevalentes de nuestro tiempo.

Conocimiento ofrecido por Andrew Huberman, Ph.D

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