¿Soy yo o es la situación? Un método de cuatro pasos
Oakley Robbins pasó 18 meses siendo profundamente infeliz en la universidad. No porque el lugar fuera objetivamente malo, sino porque nunca se permitió estar de verdad en él. Su historia con su madre, Mel Robbins, se convierte en un mapa práctico para cualquiera que se encuentre estancado en una situación que no mejora, sin saber si el problema es la circunstancia o su propia actitud hacia ella.
¿Cuándo eres tú el problema?
Antes de culpar al trabajo, a la ciudad nueva, a la relación o al equipo, hay que hacerse cuatro preguntas en orden. Si la respuesta a la mayoría es negativa, la respuesta al malestar no es cambiar la situación: es cambiar cómo te estás mostrando.
Paso 1: ¿Estás comparando el presente con el pasado?
La comparación constante entre lo que tienes ahora y lo que tenías antes es la forma más segura de hacerte miserable en el presente. Oakley entró en la universidad con los ojos puestos en el instituto: sus amigos, su equipo de frisbee, su ciudad. Cada persona nueva era comparada con alguien del pasado. Cada situación nueva resultaba inferior porque no era la situación conocida.
El problema no es que el pasado fuera bueno. El problema es que lo conviertes en un estándar imposible de igualar para el presente. Y cuando juzgas todo lo nuevo contra todo lo anterior, dejas de ver lo que hay realmente delante de ti.
La pregunta que debes hacerte: ¿estoy viendo esta situación con los ojos del presente, o estoy mirando todo con el cristal de otro momento de mi vida?
Paso 2: ¿Tu energía se está expandiendo o encogiendo?
Cuando comparas y juzgas, tu cuerpo lo expresa físicamente. Te cruzas de brazos. Te echas hacia atrás. Te vuelves menos accesible. Y esa energía cerrada genera exactamente el resultado que temes: no conectas, no encuentras a las personas que buscas, no te suceden las cosas que necesitas.
Oakley pasó fines de semana enteros en su habitación, evitando situaciones sociales porque no eran como las que había vivido antes. Esto no es un rasgo de personalidad; es una respuesta al miedo disfrazada de selectividad.
La pregunta: ¿estoy diciendo sí a las oportunidades, o estoy buscando razones para no ir?
Paso 3: ¿Estás 100% en ello?
Tener un pie fuera de la situación impide valorarla con justicia. Oakley tenía una novia en el instituto a la que llamaba cada viernes y sábado por la noche desde su residencia, lo que le daba una excusa perfecta para no salir. Mel Robbins describe algo similar cuando se mudó de Boston: volvía a la ciudad constantemente a ver a sus amigos de siempre, lo que le impedía crear nuevas raíces.
Puedes estar físicamente en un lugar y mentalmente en otro. Mientras eso ocurra, no puedes afirmar que le has dado una oportunidad real a la situación.
La pregunta: ¿tengo algún escape que me permite seguir sin comprometerme del todo?
Paso 4: Si no cambias nada, nada cambia
Si has respondido honestamente a las tres preguntas anteriores y reconoces que estabas comparando, con la energía cerrada y con un pie fuera, entonces el siguiente paso es claro: eres tú quien tiene que moverse, no la situación.
En el caso de Oakley, el cambio llegó en enero del segundo año de universidad. Tomó dos decisiones: dejar de comparar el lugar con lo que había conocido, y terminar la relación a distancia con contacto cero. No porque la relación fuera mala, sino porque le impedía estar de verdad donde estaba.
En las semanas siguientes empezó a decir sí a todo: invitaciones, personas nuevas, clubes, planes de fin de semana. Al principio fue incómodo. Pero con el tiempo, la incomodidad se transformó en familiaridad y la familiaridad en conexión real. El momento en que se dio cuenta de que era feliz fue una tarde de lluvia hablando durante cuatro horas con un amigo en el coche. Nada extraordinario. Solo presencia.
Cuándo sí es la situación y no tú
Si has pasado por este proceso, has cerrado las salidas, has dicho sí con energía durante un tiempo suficiente (al menos varios meses, idealmente un año), y el malestar persiste, entonces la respuesta puede ser diferente. La hermana mayor de Oakley pasó tres años en una gran empresa tecnológica, se implicó al 150%, consiguió ascensos y lanzó iniciativas internas. Al final de ese período, seguía sin sentirse bien en ese entorno. Esa fue la señal para cambiar de trabajo sin culpa ni arrepentimiento.
La lista de cuatro pasos también sirve como evidencia. Si puedes marcar todas las casillas, puedes tomar la decisión de salir con la conciencia tranquila de haber hecho todo lo que estaba en tu mano.
Conclusión
El malestar es inevitable en momentos de cambio. La diferencia está en reconocer si ese malestar viene de no haberse adaptado todavía o de algo que realmente no encaja. La lista de Oakley y Mel Robbins no resuelve el dilema, pero sí lo organiza: primero comprueba si estás comparando, si tu energía está cerrada, si estás comprometido del todo. Solo cuando la respuesta a todas esas preguntas sea afirmativa merece la pena plantearse que es la situación y no tú.
Conocimiento ofrecido por Mel Robbins