Dormir mejor sin obsesión: trauma, dolor y hábitos
La salud mental, el sueño y el dolor crónico comparten un patrón: no dependen de una sola pieza del cuerpo, sino de un sistema completo. Por eso a veces el enfoque “arregla esta parte” falla. Mejorar requiere entender cómo te adaptaste a lo que viviste, cómo tu cerebro aprende asociaciones (cama = estrés, movimiento = amenaza) y cómo construir nuevas asociaciones más útiles.
Trauma: importa menos el “qué” y más el “cómo me adapté”
Cuando alguien atraviesa una experiencia difícil, el sistema nervioso aprende estrategias para sobrevivir: hiperalerta, evitación, control excesivo, desconexión. Son adaptaciones. El problema aparece cuando se vuelven rígidas y siguen activas aunque ya no sean necesarias.
Una idea práctica: en vez de preguntarte solo “¿qué me pasó?”, añade “¿qué hice para adaptarme?” y “¿esa adaptación me sirve hoy?”. Esto abre la puerta a cambiar hábitos sin culpa.
Sueño: por qué empeora cuando más lo persigues
El insomnio suele convertirse en un bucle:
- Duermes mal
- Te preocupa dormir mal
- La cama se asocia a vigilancia y rumiación
- Duermes peor
Lo importante es romper la asociación “cama = lucha”.
CBT-I: el enfoque con mejor evidencia
La terapia cognitivo-conductual para el insomnio (CBT-I) se centra en dos procesos:
- Presión de sueño: se acumula con horas despierto
- Ritmo circadiano: se entrena con luz, horarios y señales
En términos prácticos, CBT-I suele incluir:
- Horario consistente de levantarte
- Uso de la cama solo para dormir (y sexo), no para trabajar o rumiar
- Ajustes de tiempo en cama para que la presión de sueño vuelva a funcionar
Un truco simple: agenda “tiempo de preocupación”
Si tu mente explota al acostarte, programa 15–20 minutos por la tarde para escribir tus preocupaciones y posibles siguientes pasos. No es magia: es decirle a tu cerebro “esto ya está atendido”.
Evita el error de los sleep trackers
Si sufres insomnio, medir cada noche suele empeorar el problema. Muchos se vuelven “ansiosos por los datos”: si el dispositivo marca mal sueño, se activa el bucle. En esa fase, es mejor guardar el tracker.
Dolor: no siempre es daño
El dolor es una experiencia influida por muchas variables: tejido, sistema nervioso, estrés, expectativas, sueño y movimiento. A veces hay lesión estructural; a veces hay sensibilidad y aprendizaje.
Dos ideas prácticas:
- Si cada señal se interpreta como daño, aparece evitación y se pierde capacidad
- La recuperación suele requerir exposición gradual: movimiento dosificado, con progresión
Cómo aterrizarlo: un plan de 10 días
Día 1–3: construir base
- Hora fija de despertarte
- Luz natural por la mañana (10–20 minutos)
- Caminar 20 minutos al día
- Quita el móvil de la cama
Día 4–7: reducir rumiación
- 15 Minutos de “tiempo de preocupación” por la tarde
- Apunta 3 tareas pequeñas para mañana (cierra el día)
- Cena más ligera y evita alcohol
Día 8–10: añadir carga útil
- Dos sesiones de fuerza ligera
- Si hay dolor crónico, elige un movimiento seguro y repítelo con carga baja
IA y salud: oportunidad con límites
La inteligencia artificial avanza rápido y puede ayudar a resumir información, generar listas de preguntas para tu médico o comparar guías clínicas. Pero no debe sustituir diagnóstico ni seguimiento.
Uso inteligente:
- Pídele que te ayude a formular preguntas
- Úsala para entender términos y opciones
- Confirma decisiones con profesionales
Errores comunes que empeoran el sueño
- Quedarte en la cama despierto mucho tiempo: refuerza la asociación cama = alerta. Si pasan 20–30 minutos sin sueño, levántate, haz algo tranquilo con poca luz y vuelve cuando te entre sueño
- Cafeína tarde: prueba a cortar cafeína 8–10 horas antes de dormir. Si eres sensible, incluso antes
- Alcohol como “ayuda”: puede inducir sueño, pero fragmenta la segunda mitad de la noche
- Intentar arreglar todo a la vez: elige dos cambios y mantenlos 10–14 días
Cuándo conviene pedir ayuda
Si llevas más de 3 meses con insomnio, si hay ronquidos fuertes, pausas respiratorias, somnolencia diurna marcada o dolor que no mejora, vale la pena una evaluación profesional. Un buen plan puede incluir CBT-I guiada, fisioterapia para dolor y un abordaje más estructurado de ansiedad.
Un detalle importante: pedir ayuda no es rendirse; es acortar años de ensayo y error.
Dolor y sueño: el ciclo que se retroalimenta
El dolor crónico y el insomnio se alimentan entre sí. Dormir poco aumenta sensibilidad al dolor y reduce tolerancia al esfuerzo; sentir más dolor aumenta rumiación y miedo al movimiento. Romper el ciclo suele requerir dos frentes a la vez: proteger el sueño (horarios, luz, menos alcohol) y reintroducir carga de forma gradual (movimientos seguros, progresión lenta). Si puedes mantener ese doble enfoque dos semanas, el sistema suele empezar a bajar la alarma.
Conclusión
Dormir mejor, gestionar trauma y mejorar dolor crónico no va de una “técnica secreta”. Va de romper asociaciones que ya no te sirven y construir otras nuevas con repetición.
Prioriza horarios, luz, movimiento y técnicas cognitivas simples. Lo pequeño, hecho a diario, cambia el sistema.
Knowledge offered by Dr. Peter Attia