Por qué la evidencia convence a unos y a otros en salud
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La palabra prueba suena a algo definitivo. En matemáticas, una demostración puede sentirse como una roca inamovible. En la vida real, especialmente cuando hablamos de salud pública, brotes y decisiones urgentes, la cosa se complica. Un mismo dato puede convencer a una persona y dejar fría a otra. Y, bajo presión, esa diferencia no es un detalle. Puede definir políticas, conductas y resultados.
En una conversación con el matemático Adam Kucharski, autor de un libro sobre prueba y evidencia, apareció una idea que merece quedarse: la vida está llena de situaciones que revelan grandes huecos entre lo que creemos verdadero y por qué lo creemos. El objetivo no es eliminar la incertidumbre, sino aprender a navegarla sin autoengañarnos.
Tener razón no siempre significa convencer
Un ejemplo clásico ayuda a verlo. El problema de Monty Hall, basado en un concurso, invita a elegir una de tres puertas. Dos esconden una cabra y una esconde un coche. Tras elegir, el presentador abre otra puerta y muestra una cabra. La intuición de muchas personas dice que ahora es cincuenta y cincuenta. Sin embargo, si cambias de puerta, duplicas tus probabilidades de ganar.
Lo interesante no es solo el resultado, sino la reacción. Incluso personas muy competentes pueden sentirse incómodas con la respuesta. Puedes aceptar la conclusión y, aun así, no sentirte satisfecho. Para algunas personas, recorrer todos los casos posibles ayuda. Para otras, una simulación por ordenador repetida miles de veces es lo que termina de convencer. La lección es simple: el mismo hecho puede necesitar una explicación distinta según quién lo recibe.
Evidencia bajo presión y sujeta a revisión
Kucharski lo relaciona con su trabajo en brotes y amenazas emergentes. En esos contextos, se toman decisiones con información incompleta. La metodología se estira y la certeza es provisional. Hoy crees algo porque es lo mejor que tienes, pero mañana puede cambiar si aparece evidencia mejor.
Esto no es una excusa para improvisar. Es un recordatorio de que la evidencia no es solo un conjunto de datos, sino un proceso. Importa cómo se recoge, cómo se compara, cómo se integra y cómo se comunica. También importa reconocer que los científicos, como cualquier persona, tienen incentivos, límites de tiempo y sesgos.
La brecha entre lo que me convence y lo que te convence
Una parte central del problema es humana. A veces no discutimos datos, discutimos identidad. Cuando alguien tiene una postura pública muy marcada, le cuesta mucho escribir en privado qué evidencia le haría cambiar de opinión. No porque sea imposible, sino porque el coste social es alto.
Aquí hay un ejercicio poderoso que se mencionó y que puedes aplicar en pequeño. Escribe qué crees que va a pasar, o qué afirmación estás defendiendo, y después escribe qué tendría que ocurrir para demostrarte que estás equivocado. Si no puedes redactarlo, lo más probable es que estés defendiendo una postura como bandera y no como hipótesis.
Prueba múltiple en lugar de una bala de plata
En ciencia y salud, rara vez existe una sola prueba que cierre el debate. Lo más útil suele ser combinar enfoques.
- Puedes usar lógica y consistencia interna para detectar contradicciones.
- Puedes usar evidencia empírica en distintos contextos para ver si el efecto se mantiene.
- Puedes usar mecanismos plausibles para evitar explicaciones mágicas.
- Puedes usar simulaciones para comprobar si una intuición se sostiene cuando repites el juego.
Cada pieza por sí sola puede ser discutible. En conjunto, forman un caso. Y lo importante es que el caso sea transparente sobre sus límites.
Conversar sin empujar a la gente al bando contrario
La pandemia dejó un aprendizaje duro. Hubo una minoría ruidosa con ideas extravagantes, pero también hubo muchas personas con dudas más mundanas: desconfianza en empresas, preguntas sobre seguridad en grupos concretos o incertidumbre por falta de datos. Tratar a todo el mundo como si compartiera la misma motivación no ayuda.
Un enfoque mejor es preguntar de forma concreta.
- Qué parte te preocupa.
- Qué evidencia aceptarías.
- Qué experiencias previas te condicionan.
Eso no significa dar el mismo peso a cualquier afirmación. Significa construir un puente. Si quieres que la evidencia lleve a acción, necesitas que la persona se sienta escuchada y que la explicación encaje con su marco mental.
Un protocolo práctico para pensar mejor
Puedes usar estas ideas en tu vida diaria, sin esperar a un gran debate.
- Define la afirmación en una frase. Evita conceptos vagos.
- Escribe tu grado de confianza hoy y por qué.
- Lista dos o tres pruebas que cambiarían tu postura.
- Busca activamente la evidencia que podría refutarte, no solo la que te confirma.
- Si hay tiempo, simula o prueba en pequeño. Repite y compara.
- Actualiza por etapas. Cambiar de opinión no es un fallo, es una habilidad.
Conclusión
La evidencia no sirve de mucho si no se traduce en decisiones que mejoren vidas. Para lograrlo, no basta con acumular datos. Hace falta un método para convivir con la incertidumbre, reconocer sesgos y explicar por qué algo es cierto de una forma que otras personas puedan seguir. La prueba no es solo la respuesta. También es el camino para llegar a ella.
Knowledge offered by Dr. Eric Topol