La grasa más peligrosa al cocinar: cómo evitarla hoy

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Cuando cocinas, no solo importa “qué grasa” eliges, sino cómo la usas. El calor, el oxígeno y el tiempo pueden degradar ciertos aceites y formar compuestos que empeoran el sabor y pueden ser irritantes para el organismo. La buena noticia: con dos o tres reglas simples puedes reducir mucho el problema sin obsesionarte.

El concepto clave: estabilidad al calor

Las grasas tienen estructuras distintas. En general, cuanto más “inestable” es una grasa, más fácil reacciona con el oxígeno cuando la calientas. Esa reacción se llama oxidación. En cocina, la oxidación se acelera por:

  • Temperaturas altas
  • Calentamientos repetidos
  • Mucho tiempo expuesta al aire
  • Y aceites con muchos ácidos grasos poliinsaturados

Qué pasa cuando un aceite se degrada

No necesitas memorizar química. Quédate con esto: un aceite degradado genera subproductos (como aldehídos) que huelen y saben peor, irritan más y hacen que “lo frito” se sienta más pesado. Si el aceite humea, oscurece rápido o huele rancio, algo no va bien.

Qué grasas suelen dar más problemas

La categoría más sensible suele ser la de aceites ricos en poliinsaturados, especialmente cuando se usan para freír o se recalientan varias veces. Aquí no se trata de demonizar, sino de usar cada grasa para lo que sirve.

Señales de riesgo en la práctica:

  • Freír a alta temperatura con el mismo aceite varios días
  • Usar aceites “de semilla” para salteados muy calientes
  • Dejar el aceite destapado cerca del fuego o la ventana (oxígeno + luz)

Qué grasas suelen ser más estables

En general, las grasas con más saturados o monoinsaturados toleran mejor el calor. Opciones habituales (según disponibilidad y preferencias):

  • Aceite de oliva (mejor para salteados moderados y uso diario)
  • Aceite de aguacate (según calidad, útil para temperaturas más altas)
  • Ghee o mantequilla clarificada
  • Grasas animales tradicionales (como sebo) si encajan en tu dieta

No necesitas usar todas. Elige 1–2 para cocina y una para aliños.

Cómo elegir según el tipo de cocción

Para ensaladas y platos fríos

Prioriza aceites que te gusten por sabor y que uses sin calentar. Un buen aceite de oliva virgen extra suele ser una apuesta sólida. Aquí el objetivo es calidad y frescura.

Para saltear y cocinar “a diario”

Busca estabilidad y buen rendimiento. Mantén el fuego en medio cuando puedas, evita que el aceite humee y añade el alimento antes de que el aceite esté demasiado caliente.

Para freír

Si fríes, hazlo como una excepción, no como base. Y si lo haces:

  • Usa un aceite relativamente estable
  • Controla temperatura (no dejes que humee)
  • Evita reutilizar muchas veces
  • Filtra restos de comida (aceleran degradación)
  • Y desecha si huele rancio o cambia de color

Checklist rápido: cocina con menos oxidación

  • Cocina más a menudo al horno, vapor o plancha moderada
  • No recalientes aceite “hasta que eche humo”
  • Guarda los aceites cerrados, lejos de luz y calor
  • Compra formatos que termines en semanas, no en meses
  • Si fríes, hazlo en tandas cortas y con control de temperatura

Si sueles cocinar a fuego alto, ventila bien la cocina y evita llenar la sartén de humo: es una señal útil para ajustar temperatura y método.

Y las “grasas peligrosas” en la vida real

El riesgo no suele venir de una cucharadita en un salteado ocasional. Suele venir de hábitos repetidos: frituras frecuentes, aceites recalentados, ultraprocesados que ya traen grasas degradadas, y falta de control de temperatura. Si mejoras esos cuatro puntos, ya haces lo importante.

Qué pasa con el “punto de humo”

El punto de humo puede orientar, pero no es una licencia para maltratar un aceite. Un aceite puede aguantar cierta temperatura antes de humear y aun así degradarse si lo calientas durante mucho tiempo o lo reutilizas. Úsalo como señal de alerta: si humear es habitual, estás cocinando demasiado alto o usando una grasa que no encaja con ese método.

Estrategia para comer fuera sin complicarte

No controlas qué aceite usa cada cocina, pero sí puedes reducir exposición sin vivir a la defensiva:

  • Prioriza preparaciones a la plancha, al horno o guisos frente a frituras
  • Evita platos “doble fritura” (rebozados muy crujientes)
  • Pide salsas aparte si suelen llevar aceites recalentados
  • Y compensa en casa con cocina más simple y grasas estables

Consejos prácticos para esta semana

  1. Elige un aceite para frío y otro para calor
  2. Tira el aceite viejo que huele rancio
  3. Baja un punto el fuego y cocina un poco más lento
  4. Si te gusta freír, limita a una vez por semana y no reutilices sin filtrar

Conclusión

Cocinar con grasas más estables y evitar el sobrecalentamiento reduce oxidación y subproductos indeseados. No necesitas miedo ni perfección: elige bien, controla el calor y cuida cómo almacenas tus aceites.

Autor/Fuente: Drberg

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