Cómo elegir dieta: calorías, proteína y sentido común
Elegir “la mejor dieta” sería fácil si el cuerpo respondiera igual en todas las personas y si la investigación nutricional fuese tan controlable como un ensayo con un fármaco. Pero no es así. La comida no es una molécula única: es una mezcla de cientos de compuestos, cambia según su origen y preparación, y además interactúa con tu sueño, tu estrés, tu músculo, tu microbiota y tu historia clínica.
Aun así, no necesitas caer en la confusión ni en guerras de bandos (carnívoro vs. vegano, keto vs. low fat). Puedes seguir un marco simple que funciona para la mayoría y ajustarlo según tu objetivo.
Por qué la nutrición genera tanta polémica
Hay un desequilibrio enorme entre la seguridad con la que mucha gente opina y la calidad real de los datos disponibles. Gran parte de la evidencia es observacional, con sesgos difíciles de eliminar. Eso no significa que “todo valga”, pero sí que conviene desconfiar de certezas absolutas.
Además, las respuestas individuales varían mucho: dos personas pueden comer lo mismo y ver resultados distintos en hambre, energía o marcadores metabólicos. Por eso el objetivo no es encontrar una dieta perfecta, sino una dieta sostenible que puedas repetir.
El marco mínimo que sí importa
Si tuviera que quedarme con pocas palancas, serían estas:
1) Energía total (calorías) y balance
Para perder grasa, necesitas un déficit energético. Para ganar masa, un superávit. Suena básico, pero muchas discusiones ignoran esta base.
Consejo práctico: si tu peso no cambia en 2–3 semanas, ajusta una variable: reduce porciones, aumenta proteína/verdura o incrementa actividad diaria.
2) Proteína: la pieza que más ayuda
La proteína aumenta saciedad, favorece el mantenimiento de masa muscular en déficit y facilita recomposición corporal.
Consejo práctico: reparte proteína en 2–4 comidas y prioriza fuentes que disfrutes: huevos, lácteos, legumbres, pescado, pollo, tofu, carne magra.
3) Micronutrientes y esenciales
Más allá de calorías y proteína, asegúrate de cubrir lo esencial: minerales, vitaminas, ácidos grasos esenciales y suficiente fibra.
Consejo práctico: una forma simple de no fallar es que la mitad del plato sean verduras (o fruta entera) y que haya legumbres o integrales varias veces por semana.
4) Grasa mínima y tolerancia a carbohidratos
Necesitas cierta grasa para salud hormonal y absorción de vitaminas. Los carbohidratos, en cambio, son muy variables: hay personas que funcionan bien con pocos y otras con muchos. La clave es cómo te afectan a hambre, rendimiento y control de porciones.
¿Existe “la mejor dieta”?
En términos generales, la mejor dieta es la que:
- Cubre proteína y micronutrientes
- Te mantiene saciado
- Te permite cumplir el objetivo (pérdida de grasa, rendimiento, salud)
- Es repetible en tu vida real
A partir de ahí, puedes adaptarla. Si te va bien una dieta basada en plantas, genial. Si prefieres una dieta omnívora, también. El problema empieza cuando alguien vende una dieta como “la única verdadera” y demoniza todo lo demás.
Procesados vs. ultraprocesados: una regla útil
No todo lo “procesado” es malo. Un yogur o unas legumbres en conserva están procesados y pueden ser buenas opciones. El foco debería estar en ultraprocesados que concentran calorías y reducen saciedad.
Señales de ultraprocesado frecuente: snacks que se comen sin parar, bebidas azucaradas, bollería, cereales azucarados, “comida lista” muy palatable.
Cómo elegir tu dieta según objetivo
Si quieres perder grasa
- Prioriza proteína en cada comida
- Aumenta volumen con verduras y fruta entera
- Reduce calorías líquidas (refrescos, alcohol frecuente)
- Planifica 2–3 desayunos/comidas “base” fáciles de repetir
Si quieres mejorar rendimiento o ganar músculo
- Mantén proteína alta
- Sube carbohidratos alrededor del entrenamiento si te ayudan a rendir
- No tengas miedo de comer más, pero hazlo con alimentos que también aporten micronutrientes
Si tienes enfermedad crónica o marcadores alterados
Aquí conviene personalizar con un profesional: no es lo mismo optimizar en una persona sana que manejar diabetes tipo 2, hígado graso o enfermedad renal. La dieta “óptima” cambia.
Estrategias prácticas que funcionan casi siempre
1) Diseña tu entorno
Lo que tienes en casa determina lo que comes. Si los ultraprocesados están a mano, negociarás.
2) Simplifica decisiones
Elige un “menú rotativo” de 10–15 comidas que te gusten y cubran el marco (proteína + fibra + micronutrientes). Variar es bueno, pero decidir cada día agota.
3) Mide por comportamiento, no por perfección
- ¿Comes proteína suficiente?
- ¿Tomas verduras/fruta a diario?
- ¿Duermes razonablemente?
- ¿Tu peso/medidas van en la dirección deseada?
Si la respuesta es sí, vas bien.
Conclusión
La nutrición es compleja, pero tu estrategia no tiene por qué serlo. Enfócate en lo que mueve la aguja: balance energético, proteína, micronutrientes y una dieta que puedas repetir. Luego ajusta carbohidratos y grasas según tu tolerancia, tus preferencias y tu objetivo. Así evitas el ruido y construyes resultados sostenibles.
Autor/Fuente: PeterAttia