Dieta carnívora: beneficios, riesgos y cómo probarla
La dieta carnívora se ha vuelto popular porque promete simplicidad: comer solo alimentos de origen animal (carne, huevos, a veces lácteos) y eliminar el resto. En redes se ven transformaciones llamativas, pero también muchas afirmaciones absolutas. Si estás “carnívoro curioso”, lo más útil es separar tres cosas: qué es exactamente la dieta, por qué a algunas personas les funciona y cuáles son los riesgos y las señales de alarma.
Qué es (y qué no es) una dieta carnívora
En su versión estricta, la dieta carnívora incluye solo alimentos animales: carne roja, aves, pescado, marisco, huevos y, según la variante, mantequilla o lácteos. En la práctica suele ser una dieta muy baja en carbohidratos y alta en proteína y/o grasa, aunque el reparto exacto depende de los cortes y de cuánto comes.
Lo que no es: una licencia para comer ultraprocesados “cero carb” sin mirar calidad, ni una garantía automática de salud. También es importante distinguirla de enfoques menos extremos (keto, low carb, paleo), que permiten verduras u otros alimentos.
Por qué a algunas personas les va bien
Hay varias razones plausibles por las que algunas personas reportan mejoras:
1) Efecto de eliminación
Al quitar grupos enteros de alimentos, reduces la exposición a cosas que pueden sentar mal (por ejemplo, ciertos ultraprocesados, alcohol, azúcares, harinas). En ese sentido, para algunas personas funciona como una “dieta de eliminación” muy contundente.
2) Más saciedad y menos picoteo
La proteína suele aumentar saciedad y reduce el hambre a corto plazo. Además, al ser una dieta con reglas simples, muchas personas dejan de picotear y de comer por impulso.
3) Menos picos glucémicos
Al reducir carbohidratos, algunas personas notan menos somnolencia poscomida o menos antojos. Esto puede mejorar energía percibida y control del apetito.
El punto más polémico: microbiota y fibra
Una crítica frecuente es que “sin fibra, el intestino se arruina”. La realidad es más matizada: la fibra puede ser útil, pero la tolerancia individual varía. Hay personas con síntomas digestivos que mejoran al reducir ciertos vegetales o fermentables, al menos por un tiempo.
Ahora bien, que alguien se sienta mejor no demuestra que sea óptimo a largo plazo para todo el mundo. La microbiota se adapta a lo que comes, y una dieta sin plantas cambia el perfil de fermentación. Si vas a probarla, conviene vigilar señales digestivas (estreñimiento persistente, dolor, cambios marcados) y evitar conclusiones rápidas basadas en una semana.
Riesgos y puntos a vigilar
Una dieta carnívora puede funcionar para algunas personas, pero también tiene riesgos potenciales, especialmente si se mantiene sin supervisión:
- Perfil lipídico: en algunas personas suben LDL y otros marcadores; en otras no cambia tanto. Importa el contexto y los antecedentes
- Micronutrientes: al eliminar plantas, puedes reducir aportes habituales de ciertos micronutrientes. Con una buena selección de alimentos animales puedes cubrir mucho, pero no siempre todo
- Digestión y electrolitos: al bajar carbohidratos, es común perder agua y sales al inicio; eso puede dar fatiga, calambres o dolor de cabeza
- Relación con la comida: la rigidez puede ser un problema si hay historial de trastornos de la conducta alimentaria o ansiedad alta alrededor de la dieta
Cómo probarla de forma prudente (si decides hacerlo)
Si aun así quieres experimentarla, hazlo como un experimento con límites claros.
Paso 1: define una duración y un objetivo
- Duración razonable: 2–4 semanas para observar tolerancia; más tiempo solo si todo va bien y con seguimiento
- Objetivo medible: por ejemplo, energía, digestión, apetito, peso, glucosa o síntomas específicos
Paso 2: elige una versión “de calidad”
- Prioriza proteína suficiente y cortes que toleres
- Incluye pescado y huevos para variedad
- Si usas lácteos, prueba primero con cantidades pequeñas y observa reacción
- Evita “trampas” ultraprocesadas: que sea carnívoro no lo hace automáticamente saludable
Paso 3: cómo se ve un día típico
No necesitas recetas complicadas. Un ejemplo simple:
- Primera comida: huevos y pescado o carne magra
- Segunda comida: carne o pollo con caldo y, si los toleras, lácteos sin azúcar en cantidad moderada
La idea es evitar comer “a picoteo” y priorizar alimentos poco procesados.
Paso 4: cuida lo básico
- Hidratación y sal (especialmente la primera semana)
- Sueño consistente: sin esto, las señales se confunden
- Movimiento diario: caminar ayuda a digestión y control glucémico
Paso 5: mide antes y después (idealmente)
Habla con un profesional si puedes y considera medir, según tu situación: glucosa/HbA1c, triglicéridos/HDL/LDL y presión arterial. No es para asustarte, es para tener datos.
Paso 6: establece señales de salida
Suspende o reevalúa si aparecen: empeoramiento claro del ánimo, estreñimiento severo, mareos persistentes, palpitaciones, dolor abdominal o cualquier síntoma preocupante.
Errores comunes
- Comer muy poco por falta de apetito y luego “rebotar” con atracones
- Ignorar electrolitos la primera semana
- Convertir el experimento en identidad y perder flexibilidad
Alternativas menos extremas
Si tu objetivo es mejorar energía, apetito o marcadores metabólicos, muchas personas logran resultados con un enfoque menos restrictivo:
- Comida real + más proteína
- Menos azúcar y harinas
- Verduras que toleres
- Ventanas de comida más estructuradas (evitar snacks continuos)
Esto conserva beneficios sin eliminar por completo un grupo grande de alimentos.
Conclusión
La dieta carnívora puede ayudar a algunas personas, a menudo por eliminación de ultraprocesados, mayor saciedad y menos picos de glucosa. Pero no es neutra: tiene riesgos potenciales y requiere atención a digestión, electrolitos y marcadores cardiometabólicos. Si la pruebas, hazlo con un objetivo claro, una versión de calidad, mediciones básicas y la flexibilidad de volver atrás si tu cuerpo te lo pide.
Knowledge offered by Dr. Ken Berry