Envejecimiento y epigenética: claves para vivir más

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El envejecimiento suele presentarse como algo inevitable, pero la ciencia moderna lo describe cada vez más como un proceso biológico modulable. No se trata de “anti-aging” de marketing ni de promesas rápidas. Se trata de entender qué deteriora nuestras funciones con el tiempo y qué hábitos, medibles y repetibles, ayudan a retrasar ese deterioro y a reducir el riesgo de enfermedades asociadas a la edad.

Envejecimiento: más que una lista de enfermedades

La mayoría de enfermedades crónicas importantes aumentan con la edad: cardiopatía, deterioro cognitivo, algunos cánceres y fragilidad. Esto ha llevado a muchos investigadores a plantear una idea provocadora: el envejecimiento funciona como una causa raíz que eleva el riesgo de múltiples patologías.

Pensarlo así cambia la estrategia. En vez de “poner parches” cuando la enfermedad ya está instalada, buscas:

  • Mantener tejidos funcionales durante más tiempo
  • Reducir inflamación crónica de bajo grado
  • Preservar masa muscular y capacidad física
  • Mejorar la flexibilidad metabólica (cómo usas energía)

La epigenética como palanca práctica

Tu ADN es la parte “digital” de la información: la secuencia no cambia en cada célula. Lo que sí cambia es qué genes se expresan y cuándo. Esa capa de control (epigenética) actúa como un regulador: decide qué “programas” se activan en función de señales como alimentación, ejercicio, estrés y sueño.

Una forma útil de verlo: no controlas cada gen, pero sí controlas muchas de las señales que le dicen al organismo cómo adaptarse. Por eso los hábitos sostenidos suelen tener más impacto que una intervención aislada.

Marcadores que te orientan: no solo glucosa

Es fácil obsesionarse con un número, pero algunos marcadores aportan contexto valioso:

Proteína C reactiva (PCR) de alta sensibilidad

La PCR (idealmente PCR ultrasensible) es un marcador relacionado con inflamación sistémica. Valores elevados pueden asociarse con mayor riesgo cardiovascular. No es un diagnóstico por sí solo, pero sí una señal de que algo en el estilo de vida (o en un problema médico) está empujando inflamación.

Consejo práctico:

  • Si tu PCR está alta, no empieces por suplementos. Empieza por sueño, actividad diaria, reducción de ultraprocesados y control del estrés
  • Habla con tu médico para descartar causas obvias (infecciones, inflamación aguda, etc.)

Fuerza y masa muscular

La masa muscular no es estética: es un “órgano metabólico”. Tener músculo mejora tolerancia a la glucosa, ayuda a mantener hormonas en rangos saludables y reduce fragilidad. La fuerza es, además, una medida de capacidad funcional: te dice si tu cuerpo puede con la vida real.

Hábitos con mayor retorno para longevidad

No necesitas un protocolo perfecto. Necesitas pilares que puedas repetir.

1) Entrenamiento de fuerza (base) + aeróbico (apoyo)

  • Fuerza 2–4 días por semana: movimientos grandes (sentadilla, bisagra de cadera, empuje, tracción, carga)
  • Aeróbico 2–3 días: caminar rápido, bici o carrera suave en zona conversacional

La prioridad es sostenerlo. Si hoy solo puedes 20 minutos, haz 20 minutos. La regularidad gana.

2) Ayuno nocturno y ventanas de comida razonables

Un ayuno nocturno de 12 horas (por ejemplo, 20:00 a 8:00) es una intervención sencilla que muchas personas toleran bien. Para algunos, añadir 1–2 días con ventanas más largas (siempre con criterio y sin rebotes) ayuda a mejorar control de apetito y marcadores metabólicos.

Regla práctica: si un esquema te deja con ansiedad o atracones, no es el adecuado.

3) Dieta orientada a inflamación baja

No hay un único patrón, pero hay principios consistentes:

  • Base de verduras y fruta entera
  • Proteína suficiente (especialmente si entrenas)
  • Grasas de calidad y mínima fritura frecuente
  • Menos ultraprocesados y bebidas azucaradas

Si tu objetivo es longevidad, no busques “comer poco” todo el tiempo: busca comer bien y, en todo caso, crear periodos puntuales de déficit sin perder músculo.

4) Sueño: el multiplicador silencioso

Dormir mal eleva estrés, empeora glucosa y hace más difícil entrenar. Prioriza:

  • Horario estable
  • Luz natural por la mañana
  • Pantallas más bajas por la noche

Suplementos y promesas: cómo decidir

En longevidad abundan productos que prometen “rejuvenecer”. Antes de comprar, aplica un filtro:

  • ¿Mejora un hábito base o intenta sustituirlo?
  • ¿Tienes un marcador o síntoma que justifique probarlo?
  • ¿Es compatible con tu historial y medicación?

Si no puedes contestar, pospónlo. Lo más rentable sigue siendo fuerza, movimiento diario, sueño y comida real.

Qué hacer esta semana (plan mínimo)

  • Dos sesiones de fuerza de 30 minutos
  • Caminar 20 minutos después de 3 comidas
  • Ayuno nocturno de 12 horas durante 5 días
  • Un cambio de dieta: sustituye ultraprocesados del desayuno por proteína + fruta

Un extra útil: mide algo que importe (cintura, presión arterial o pasos diarios) y busca tendencia, no perfección.

Conclusión

Hablar de envejecimiento como proceso biológico no significa negar la genética ni vender humo. Significa enfocarte en palancas reales: fuerza, dieta que baje inflamación, sueño y una estructura de alimentación que puedas repetir.

Si haces pocas cosas, hazlas bien y durante meses. La longevidad es aburrida en el mejor sentido: se construye con consistencia.

Knowledge offered by Andrew Huberman, Ph.D

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